En la corteza del abedul, en el tomillo y la retama, desde las altas cumbres a los extensos valles, legiones de espíritus elementales despliegan el regalo de la vida, sirviendo al Señor de las Luces, al Altísimo Guardián del Conocimiento.
Qué milagro hay en una sola gota de agua, en la semilla del diente de león que el viento arrastra para germinar allá donde caiga.
Cuánta maravillosa exhalación de existencia en cada resplandor dorado de una mañana, cuando el sol transmite el aliento de la vida a conciencia y sin descanso.
En todo ello obra la mano de la Gente Menuda , artífices de la armonía remansada entre las piedras, de la paz que sabe a gloria en las altas cumbres nevadas.
Viven en el aire, donde hay caminos del cielo que dibujan con luz dorada, y en la tierra, donde cada piedra es un mojón que nos conduce al remoto paraíso del alma humana.
Pueblan los vastos dominios del agua, que fluye y se remansa, pues impulsada por el espíritu de la aventura recupera la memoria colectiva allá por donde pasa; y se encienden, con ígnea llamarada, en el fuego que todo lo purifica, la materia y la densa oscuridad que nos acecha.
Enorme, como nadie puede llegar a imaginar del todo, es el astral que nos envuelve, que se abraza a ese espejismo de la tercera dimensión que reconocemos como la única y pura realidad manifestada. Y sin embargo
duendes, gnomos, salamandras y ondinas, silfos, hadas, elfos y tantos otros seres, tejen con hilos de luz el diseño cósmico de la naturaleza que los devas proyectan a cada instante.
Es la conjura de la alegría, el Plan Maestro, el que dirige cada respiración, el último pétalo de una flor, la más pequeña brizna de hierba, el vuelo y la huella, la madriguera y los estambres, el polen y la semilla, el viento y la tormenta, el fuego fatuo que surge de las entrañas de la tierra. Así nace la urdimbre del copo de nieve con la aljuma de pino, el minúsculo grano de arena y la gigantesca montaña, los ríos y los mares, los diamantes, la cornamenta del ciervo y el plumaje de la paloma mensajera.
El soplo de los ángeles es el correo que reciben los elementales para trazar con luz, con fuego incandescente, los planos de arquitectura cósmica que dan forma a la materia, multiplicidad de la luz y el sonido cuyo registro se guarda en cada una de las estrellas.
El viento tiene vida en su corazón de aire invisible y la tierra tiene alma y se expresa con estertores; el fuego destruye y crea al mismo tiempo, y el agua guarda en su seno transparente la memoria del lugar por donde pasa.
El milagro se encapsula en los trigales, en la piedra caliza y en el trino del jilguero, porque un mundo invisible, pero cercano, obra el misterio de preservar la armonía, sea en el prado o en el desierto, llegue el día o la noche. No duermen, no sucumben, trabajan al servicio de la conciencia de los hombres y mujeres, sostienen el espíritu de la felicidad constante, las claves secretas de la geometría que encierra el girasol, la caracola, el cuarzo y las flores.
Hay otros mundos, maravillosas dimensiones que pueden verse con otra mirada en la corteza de los árboles, en el envés de una hoja, debajo de una ceiba, en las alas refulgentes de una mariposa.
Por amor dan color violeta a la rosa del azafrán y azul al cielo impregnado de prana. Dando todo lo bueno que alojan en su corazón de cinco elementos aprietan el pulso de luz sostenido para elevar las ciudades, a las que nos convocan en los sueños y cuando el alma se zarandea mientras estamos despiertos.
Estos seres ancestrales están aquí mucho antes de que llegáramos nosotros, preparando el luminoso puente del arco iris que desde la Tierra al Cielo nos lleve
P.D. Con este Tema XIII, termino de enviar el Curso de la Ciencia de Dios.
Agradezco tu atención de haberlo aceptado y darme la oportunidad de servirte.
Acostumbro terminarlo enviando el archivo: ATREVETE A RECORDAR LO
QUE YA SABIAS.
También adjunto el archivo: LECCION DE PERSEVERANCIA