|
Hay una conciencia de lo Infinito que reside en la materia, en el alma de cristal de los cuarzos. Es una geometría sagrada que estructura el cerebro de la Madre Tierra , resonancia pura de la inteligencia cósmica, que toma apariencia más allá de lo que consideramos como seres vivos.
La existencia de la luz, del modelo creativo como un fractal de todas las escalas, cobra forma en lo activo y en lo pasivo, en lo que aparenta ser orgánico e inorgánico. ¿No es el átomo una réplica exacta, en infinitesimal grado, de la mecánica celeste? ¿No está en el grano de arena la pura energía condensada que puede hallarse en el más lejano punto del vastísimo Universo?
Así la estructura cristalina de los cuarzos traza la forma de las pirámides y el hexágono que funde en una misma esencia lo masculino y lo femenino, el día y la noche, el ojo que mira hacia arriba y hacia abajo. Guarda en su corazón de templo astral los colores del arco iris, la materia que como en un museo de Historia se conserva en forma de legado para el futuro.
Cada cuarzo es en sí un prodigio de diseño armónico, obra magna del Gran Geómetra y Arquitecto Supremo, resultado de la inhalación y exhalación del sueño creativo que hace posible la multiplicidad de lo existente.
Siendo reflejo del número y la forma perfecta, plasmación en la tercera dimensión de las leyes cósmicas, la Fuerza Primigenia está preparada para ofrecerse a los seres humanos tal como sea concebida. Cielo o Tierra, nube o abismo, el cuarzo guarda la memoria que le llega, se convierte en custodio de la energía de cada uno de los seres humanos.
¡Bendita sea la obra del cristal sagrado cuando se utiliza para los fines más elevados!
Como los elementales, como los ángeles, como el espíritu que aloja cada partícula de la materia, la plasmación de la divinidad en aquello que tocamos se pone al servicio del proceso evolutivo de los seres humanos.
El corazón cristal de la Tierra nos ofrece cada una de las gotas de su simbólica sangre en forma de cuarzos, la pura memoria de los archivos akáshicos.
Caja de sorpresas, prodigio de la naturaleza, regalo de Dios en una eterna noche de reyes, cada cuarzo es un sueño latente a la espera de expresarse. Pasado y futuro pueden reflejarse entre sus líneas luminosas, el trazo inequívoco del hogar en miniatura de la memoria colectiva. La magia es su estilo y su conciencia, la forma de hacer posible nuestros deseos expandiéndolos a través de las redes de luz del planeta.
Siempre hubo tecnología en el pasado: los cuarzos revelan el secreto del gran experimento cósmico, el misterioso proceso de guardar en una parte el conjunto del Todo. Los sabios de la antigüedad lo supieron, y por ello viajaron en el tiempo, bucearon en su propia mente, se aventuraron en lo más profundo de su alma, hasta hallar el espíritu de fuego de la auténtica y verdadera alquimia.
Compañeros de viaje desde siempre, guardan en silencio la memoria colectiva de una humanidad que a veces se siente tan perdida, para que cuando vuelva a retomar el camino de la espiritualidad verdadera, fundida con la auténtica ciencia, recupere lo que siempre fue suyo por destino propio: la capacidad ilimitada de adquirir conocimiento, la auténtica enseñanza que por fin y para siempre nos permita ser libres y nos lleve a la esfera dorada de la alegría suprema y de la gloria.
|