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El activista coreano peleaba por excluir a la agricultura de la OMC
LEE: HE FRACASADO, COMO HA FRACASADO LA MAYORÍA DE CAMPESINOS DE OTRAS PARTES HORAS ANTES DE INMOLARSE, EL GRANJERO ENTREGÓ A ENVIADO DE LA JORNADA LA HISTORIA DE SU LUCHA
Cancun, QR, 10 de septiembre. Eran las once de la mañana del miércoles. Luis
Jorge Gallegos, Jorge Ríos y yo teníamos mucha sed. Nos fuimos a tomar una Coca-Cola en el Wal Mart que está frente a la casa de la Cultura. Fue entonces cuando lo vi con una pancarta colgada al cuerpo que decía WTO Kills Farmers.
Decidí hablarle. Le hice señas para que se acercara. Comencé a tomarle fotos. Me entregó un documento. Allí estaba su foto. Me la enseñó y se señaló. No le entendía ni madres, sólo inclinaba la cabeza como lo hacen los orientales. El se reía, me devolvía el saludo, inclinando la cabeza. Se veía lleno de vida. Volvió a sonreír. Se dio la vuelta y siguió repartiendo su folleto. La gente se asombraba. Yo lo noté como bailoteando. Les enseñaba la foto igual que a mí. Como le avisaron al vigilante ya no me quise levantar a seguir haciendo fotos.
Terminamos la Coca-Cola. Jorge y Luis Jorge me botaneaban. Yo les decía: es muy fácil entenderles, y movía la cabeza de arriba abajo. Nos reímos todos.
Después me lo encontré cuando se iniciaba la marcha. Me encontré con los coreanos. Iban con tambores, bailando, él iba entre ellos. Cuando se subió a la alambrada lo ubiqué por los letreros que traía en la espalda. Lo vi como a seis metros de distancia. Las mujeres coreanas empezaron a gritar. Su expresión corporal era como de desesperación. Cuando vi que se acercaban dos de sus compañeros y le comenzaron a jalar del pie, me acerqué como a tres metros. Nunca imaginé lo que podía pasar. En dos ocasiones pateó a sus compañeros para que no lo bajaran.
Desde ese momento enfoqué la cámara y empecé a disparar la secuencia. En uno
de los disparos me percaté que traía una navaja tipo suiza clavada en el corazón. Tiré 12 fotografías. Sus compañeros lo pararon sin darse cuenta de lo que había hecho. El cayó y comenzó a sangrar. Lo empezaron a auxiliar.
Fue certero el putazo. Al corazón. Minutos después me enteré que estaba muerto.
Este es el texto que me entregó...
Descanse en paz.
El 23 de febrero de 2003 Lee Kyung Hae, ex presidente de la Federación Coreana de Granjeros Avanzados, se instaló en un campamento frente a la sede de la Organización Mundial de Comercio en Ginebra, Suiza, y empezó una protesta contra el primer borrador de modalidades elaborado por Stuart Harbinson, presidente del Comité sobre Agricultura de la OMC.
Desde el 20 de marzo, Lee empezó una huelga de hambre y dio a conocer sus demandas a través de unas pancartas colocadas en su cuerpo que decían: "La
OMC mata granjeros", "Alto a las negociaciones agrícolas" y "Sacar a la agricultura de la OMC".
Tengo 56 años. Soy un granjero de Corea del Sur y hemos intentado resolver nuestros problemas nosotros mismos, con una gran esperanza en las uniones
campesinas. Sin embargo, por lo general he fracasado, como han fracasado la mayoría de dirigentes campesinos en otras partes.
Poco después de que se firmó el acuerdo de la Ronda de Uruguay, nosotros, los campesinos coreanos y yo, nos dimos cuenta de que nuestros destinos ya no están en nuestras manos. Además, impotentes, no pudimos hacer nada más que ver las olas que destrozaron nuestras comunidades rurales, asentadas desde hace cientos de años. Para armarme de valor he intentado buscar las razones verdaderas que explican la gran fuerza de estas olas. He llegado a
la conclusión, aquí en Ginebra, en la puerta de la OMC, y estoy gritándoles a ustedes las palabras que han hervido en mi cuerpo por mucho tiempo.
¿Para quiénes están negociando ahora? ¿Para el pueblo o para ustedes mismos?
Dejen de hacer sus negociaciones en la OMC, llenas de lógica falsa y de palabras que son meros gestos diplomáticos.
Saquen la agricultura de la OMC.
Es cierto que los programas coreanos de reforma agrícola incrementaron la productividad de algunas granjas individuales. Sin embargo, también es un
hecho que el incremento en la productividad simplemente añadió más volumen a un mercado de sobreoferta en el cual los bienes importados ocuparon la
porción de menor precio. Desde entonces, jamás hemos recibido nada que supere los costos de producción. En ocasiones se han registrado caídas en los precios cuatro veces superiores que la tendencia normal. ¿Cuál sería tu reacción emocional si tu salario de repente cayera a la mitad sin entender claramente la razón?
Una parte de los campesinos abandonaron sus granjas y migraron a los barrios urbanos. Los demás, que intentaron escapar del círculo vicioso, enfrentaron
la bancarrota con deudas acumuladas. Por supuesto, algunas personas afortunadas han podido seguir adelante; sin embargo, sospecho que no todos podrán hacerlo. Yo no he visto nada más que casas vacías y maltratadas. Lo único que pude hacer fue revisar las casas y esperar a que regresaran. Una vez corrí a una casa donde un campesino abandonó su vida tomando un químico tóxico debido a sus deudas impagables. No pude hacer nada sino escuchar los aullidos de su mujer. ¿Qué sentirías en mi lugar?
Si caminas en los pueblos rurales de Corea, lo primero que ves son muchas estructuras arruinadas, la mayoría techos para el ganado e invernaderos de vidrio, que tragaron enormes cantidades de dinero. Si entras a algunas casas, te encuentras con ancianos que sufren en su mayoría de alguna enfermedad. La comodidad de la vida rural sólo se siente viajando en coche.
De hecho, los caminos pavimentados sirven sólo para los grandes apartamentos
en los que viven a menudo más de mil personas, a los edificios y a las fábricas en Corea. Las tierras ahora pavimentadas eran arrozales que por miles de años proporcionaron los alimentos y materiales para la vida cotidiana. Ahora, en la sociedad contemporánea las funciones ambientales de los arrozales son aún más necesarias desde el punto de vista ecológico e hidrológico. ¿Quién guardará la vitalidad rural, las tradiciones comunitarias, el medio ambiente?
Con la ayuda de la Unión Campesina tuve la oportunidad de viajar a otros países y ver qué hacen otros granjeros para competir y, por lo menos, sobrevivir. Fue bueno ver que en la Unión Europea los granjeros mantienen su orgullo en la conservación de sus comunidades, sus alimentos, su patrimonio tradicional y sus culturas. Al ver sus fuertes sentimientos de
responsabilidad social, organización y los altos apoyos del gobierno me di cuenta que no abandonarán el trabajo en sus tierras.
Fueron lo suficientemente eficientes para manejar grandes extensiones de tierra con un mínimo de trabajo familiar. Sin embargo, sin esos apoyos no podrán seguir cultivando y tendrán que abrir negocios turísticos. Las dificultades de los pequeños productores fueron parecidas a las nuestras.
Las granjas en Estados Unidos parecen grandes y bien planeadas pero tienen más riesgos. Querían exportar más pero vivían preocupadas por la bancarrota.
Me preguntaba por qué no eran felices con estas grandes granjas y buenas máquinas. Varios de ellos me dijeron que con la permanente caída de los precios apenas obtienen ganancias para sobrevivir, a pesar del incremento en las exportaciones. Más bien, dijeron que los estómagos de sus socios empresariales (los comerciantes de granos, agroindustriales, procesadores) crecieron cada vez más. En conclusión me contaron que muchos granjeros en Estados Unidos pronto se quedarán en la bancarrota, si no hay subsidios adicionales debido a la dificultad de pagar el interés de los préstamos adquiridos para pagar el incremento de sus tierras y sus insumos.
Creo que la situación de los granjeros de muchos países en vías de desarrollo es parecida, aunque los problemas internos son diferentes. Sin embargo usualmente los problemas de dumping, importaciones masivas, falta de presupuesto gubernamental, y densidad de población son comunes. Para ellos las protecciones arancelarias sería la solución más práctica.
Me da pena ver la televisión y escuchar las noticias que dicen que el hambre prevalece en muchos países menos desarrollados, a pesar de que el precio internacional de granos está muy bajo. Ganar dinero a través del comercio no debe ser su manera de conseguir alimentos. Sin embargo deben tener acceso a la tierra y al agua. Cuando veo este desastre para los seres humanos, pienso en las personas gordas que viven en las ciudades del norte. ¿Caridad? ¡No, déjennos volver a trabajar!
Mi mensaje va a todos los ciudadanos para decirles que los seres humanos están en una situación de peligro debido a la falta de control sobre las corporaciones multinacionales y un pequeño número de miembros de la OMC que nos llevan a una globalización inhumana, antiambiental, asesina y no democrática. Debe pararse de inmediato, porque si no la lógica falsa del
neoliberalismo matará la diversidad global en la agricultura y sería un desastre para todos los seres humanos.
***
Los Delegados coreanos están desde anoche acampando enfrente de la barrera,
en el lugar en donde murió su compañero. Estan pidiendo apoyo de la Via Campesina, los internacionales, los anarquistas y estudiantes. La policia han dicho que estan en riesgo de ser deportados, pero han decidido quedarse ahí hasta que los deporten y están solicitando apoyo para que esto no suceda.
Campesino coreano se inmola en protesta por las políticas de la OMC
LUIS HERNANDEZ NAVARRO Y FABIOLA MARTINEZ ENVIADOS
Lee Kyung Hae trepó el enrejado de metal que separaba la manifestación de la valla de la Policía Federal Preventiva. Sacó una navaja suiza, levantó los brazos al cielo y en un solo movimiento se perforó el pecho, entre el corazón y el pulmón izquierdo. Tenía consigo un cartel con la frase: 'OMC
asesina campesinos'. Quería ofrendar su vida para salvar a los agricultores y a la agricultura. Poco más de tres horas después falleció.
Kyung Hae era pequeño productor. Tenía cerca de 56 años y una familia a la cual sostener. Participaba con la Liga de Campesinos de Corea (LCA) y formaba parte de la delegación de 160 pequeños agricultores y 50 sindicalistas coreanos que viajaron a Cancún a protestar contra la
Organización Mundial de Comercio (OMC).
La noche anterior su grupo pidió a Vía Campesina encabezar la marcha de protesta contra la OMC.
En Corea del Sur se celebra el Día de Muertos el 10 de septiembre. Y, como
sucede en todas las sociedades de fuerte raíz agraria, la celebración de los difuntos es una cuestión sagrada. Venir a Cancún en esta fecha era, de por sí, un enorme sacrificio.
Y ese esfuerzo quería ser subsanado, se dijo en la reunión de dirigentes, con una ceremonia de entierro en la OMC. Tenían para ello un ataúd envuelto en tiras de papel de china de colores. La propuesta fue aceptada. Sólo los coreanos sabían que el rito incluía la inmolación de su compañero.
Tomar las calles.
La manifestación comenzó en punto del medio día. Cerca de 15 mil personas, la mayoría campesinos, fueron encontrando en ella su lugar. En la descubierta participaba un grupo de hombres de edad, entre ellos Clemente Kiuil y Rafael Pool, principales mayas, seguidos de la directiva de Vía Campesina. Apenas unos metros atrás se instalaron cerca de 300 campesinos
asiáticos, productores de arroz en su mayoría, y trabajadores -según su decir- de más de diez horas por día. Ordenados y marciales, se esforzaban en explicar, en un precario inglés, que cada día producen más pero cerca de 60 por ciento de los alimentos que consumen son de importación. 'Algo anda mal, estamos enojados y queremos que pare el WTO', señaló una joven japonesa.
A un lado, con bermudas color caqui, chaleco y camisetas blancas avanzaban
dos centenares de sudcoreanos. Enarbolaban el lema ¡Excluir a la agricultura
de la OMC! y exigían 'alimentos seguros'. Varios de ellos vestían una bata beige y sombreros de papel altos, atuendo especial para ensalzar la ceremonia del pung mul. Marcaban el ritmo con instrumentos de percusión que, media hora más tarde, se transformarían en tambores de guerra.
En algún momento se colocó al frente de la marcha el grupo de Vía Campesina encargado de la mística. Cargaban un enorme tablero lleno de rosas rojas, mazorcas, veladoras y tierra. En el resto de los contingentes el ambiente era de fiesta. Los sonidos de la banda Tlayacapan se mezclaban con los tambores juveniles y con los acordes de un grupo musical ecologista. Jóvenes disfrazados de pájaros caminaban al lado de muchachos vestidos de delfín y
de un wixárrica ataviado con su traje autóctono. Los desobedientes italianos llevaban una gran manta con el mensaje 'Somos un chingo y haremos
desmadres'. La marcha sellaba la naciente convergencia de Vía Campesina, el Congreso Nacional Indígena (CNI), sectores de la juventud y grupos ecologistas.
'Bienvenidos todos a Cancún'
A las 12:30 el grueso de la manifestación llegó al cruce de las avenidas Tulúm y Coba, el llamado 'punto cero'. Un comandante informó a los reporteros que metros más adelante terminaría el encargo de la policía local y que, un poco más adelante, lo que ocurriera era responsabilidad de las autoridades federales.
Quince minutos después la descubierta había llegado al retén. Una hilera de rejas de metal pintadas de rojo, de 50 metros de largo, fijadas al suelo con amplias láminas de metal, bloqueaba el paso de los manifestantes. Detrás de ellos un agrupamiento de unos 200 policías de la Policía Federal Preventiva, equipados con escudos de plástico, toletes y máscaras antigás colgadas al pecho, formaba un nuevo muro que se interponía entre los ministros y funcionarios reunidos en el Centro de Convenciones de Cancún y los
ciudadanos de a pie. Sobre las dos barreras una pancarta del gobierno municipal decía: 'Bienvenidos todos a Cancún'. Frente a la policía, a ocho kilómetros de distancia de los ministros de
economía y comercio, Vía Campesina realizó un ritual al que llamó 'mística
de la defensa del maíz maya'. 'Somos más de 15 mil personas', expresó jubiloso Rafael Alegría, mientras un hombre con el torso descubierto abría paso cargando su mecapal con semillas criollas. 'Maíz, somos tus hijos, madre tierra fuera de la OMC!', coreó una parte del contingente, mientras
los campesinos que se habían colocado frente a la fuerza pública empezaron a gritar: '¡Globalicemos la lucha, globalicemos la esperanza', al tiempo que
los coreanos avanzaban al frente con el puño en alto.
Del otro lado de la valla, más atrás de los policías, dos camiones antimotines de la policía federal y elementos del Estado Mayor Presidencial levantaban un nuevo muro humano. Un par de enviados del gobierno pedían que se formara una comisión para 'entregar el documento' que las organizaciones campesinas nunca pensaron presentar.
Ahí estaba también Melba Pría, encargada del enlace entre las organizaciones civiles y la cancillería mexicana. Con ella, según versión de los dirigentes de Vía Campesina, había un acuerdo de avanzar más allá del 'punto cero'.
Pría se había convertido entonces en una funcionaria seria, de gesto adusto, protegida por una interminable hilera de uniformados, mientras desafiante repetía: 'el acuerdo es que no iban a pasar, es un acuerdo de ellos mismos... No van a pasar'.
Otros funcionarios explicaban que el enrejado, justo en el comienzo de la zona hotelera de Cancún, 'correspondía a las medidas de seguridad del evento' e insistían: 'formen una comisión... estamos abiertos a dialogar'. No quedaba claro sobre qué iba a platicar el gobierno con los
campesinos cuando lo que ellos exigen es que la agricultura salga de la OMC y no tienen esperanza en la posibilidad de reformar la institución.
Ese fue el momento en el que dos integrantes de Vía Campesina brincaron el
enrejado. Lee y varios de sus compañeros, algunos vestidos con una especie de túnicas, los siguieron, al tiempo que arengaban a la multitud en su idioma con el auxilio de un micrófono. El ataúd de colores con los restos simbólicos de la OMC se transformó entonces en un ariete para empujar la valla, mientras la primera línea de altermundistas trataba de derribar el enrejado empujando con el cuerpo. No tuvieron éxito y los coreanos abrieron entonces un pequeño camino para tomar vuelo y estrellar nuevamente el féretro. La valla resistió el impacto. Un nuevo intento, digno de una nueva pugna de la gleba contra los señores medievales, fue hecho prendiendo fuego al ataúd e impactándolo contra el muro. Fue entonces cuando Lee, en lo alto de la reja, sacó la navaja de su ropa y se sacrificó.
El fin de la fiesta
Ensangrentado, herido de muerte, Lee fue trasladado al hospital Jesús Kumate por la Cruz Roja. Pocos se dieron cuenta en ese momento de la inmolación.
Los tambores coreanos y de una banda musical llamaban al combate. La presión
sobre la malla se extendió cuando grupos de jóvenes entraron en acción. Los campesinos exigían que no se lanzaran objetos. Querían usar solamente el cuerpo como arma. Fue entonces cuando del lado izquierdo de la malla se abrió un boquete. La multitud celebró el triunfo con un futbolero: 'Sí se pudo, sí se pudo'. La policía ocupó el hueco y disparó descargas de gases lacrimógenos. Una pedrada lanzada por la policía descalabró al fotógrafo de La Jornada José Carlo González. Igual suerte tuvo el dirigente campesino Paul Nicholson, al que un toletazo le abrió la cabeza. Los manifestantes habían obtenido una victoria simbólica.
Fue Alberto Gómez, coordinador nacional de la UNORCA, quien informó que el
gobierno había aceptado que la manifestación avanzara más. Poco después se rompería un pie. Pero en lugar de que la policía retrocediera, llegaron refuerzos y vehículos blindados. Los campesinos comenzaron a replegarse y la intensidad del enfrentamiento se incrementó.
A partir de ese momento entraron en acción pequeños grupos de jóvenes, en su
mayoría sin coordinación entre sí, pero decididos a enfrentarse, que cargaron contra la policía. Vía Campesina insistió en que no se cayera en provocaciones. Los llamados fueron inútiles. Para ese momento ya no tenía el control de la marcha.
Uno de los jóvenes que habían saltado la valla fue detenido, golpeado y, posteriormente, liberado por los policías. Rápido cobraron venganza. Al fragor de la batalla, un uniformado perdió su tolete. Los radicales lo arrastraron a su terreno y lo tundieron a patadas. Uno de los manifestantes lo rescató, enviándolo de vuelta con los suyos. Ello no impidió que su
situación fuera delicada. La furia de los que convirtieron la protesta en pleito se volcó contra el que había osado defender a un policía.
Molesto, irritado, uno de sus dirigentes gritaba a su compañero: 'Repliéguense, vamos a dejar solos a los chavos, ellos son provocadores'.
Odio de clase, cosecha de la marginación, los jóvenes le gritaban a la policía: 'Nos vamos a organizar en Revolución para darles en su madre, putos...' Sólo risas fue lo que los uniformados les dieron en respuesta.
Pero, a pesar de las risas, 19 policías resultaron lesionados, algunos con quemaduras por ácido. La fiesta había dejado de serlo.
Los sobrevivientes
La noticia de la muerte de Lee se extendió a partir de ese momento con rapidez. Incredulidad, consternación, asombro, tristeza, desánimo se apoderaron de la mayoría de los manifestantes.
Fue Hang Ki Lab, uno de los voceros del contingente coreano, quien dio su versión sobre la inmolación de su compañero. 'Fue una manifestación de sacrificio de la que nos sentimos orgullosos', dijo. 'Es una de las pocas vías que nos dejan. La OMC está trayendo la muerte a nuestra agricultura
familiar y a nuestros campesinos. Es casi imposible sobrevivir en el campo.
Su muerte es un mensaje, un acto simbólico de lo que nuestros compañeros
viven'.
Quien se pregunte cómo es posible que una delegación tan grande haya venido
de tan lejos a protestar, tiene ya una respuesta. Los campesinos coreanos,
como los de tantas otras partes, han sido colocados en una situación límite.
Quieren seguir siendo campesinos pero las políticas de la OMC se los impiden. Miembro de una clase de sobrevivientes, al fin y al cabo, Lee ofreció su vida para que los suyos puedan seguir sobreviviendo. Quizás por eso, los integrantes del Congreso Nacional Indígena mexicano, que tanto saben de muerte y resurrección, organizaron a las 9 de la noche un velorio
simbólico de su nuevo hermano.