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"La tradición es la personalidad de los imbéciles."

Maurice Ravel

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LAS ACCIONES QUE DAN LA PAZ PDF Imprimir E-Mail
jueves, 16 de octubre de 2003
Hermanos: La rosa del amor permanece abierta para todo aquél que la descubre en su propio corazón. Hoy iniciamos y a través de un vislumbre de lo que en otras épocas ha pasado, de lo que actualmente está sucediendo y de lo que en un futuro acontecerá, aprenderemos a descubrir ese oculto camino que ha llevado de la mano a miles de discípulos, hasta encontrar dentro de sí mismos, la gran realización de sus sueños espirituales. Es el momento de iniciar y para esto quisiera contarles algo que ocurrió hace muchísimos años en un antiguo templo del Tíbet. Los primeros pasos en el sendero.
En ese entonces, un pequeño monje iniciaba sus labores, recién se había iniciado dentro de la institución, su mente estaba llena de dudas y de inquietudes, no sabía si en verdad ese sería su camino, no sabía si lo que él en esos momentos realizaba, verdaderamente lo iba a ayudar, más bien había ingresado a la orden por consejo de sus padres, ellos, temerosos de los peligros que acechaban en la vida mundana, se dedicaron a llenar la mente del pequeño de temores y de sembrarle un intenso deseo de protegerse detrás de las anchas columnas y paredes que rodeaban al templo.
El novicio, agobiado por los temores, había llevado sus propios temores adentro del templo y si bien, el mundo externo lo llenaba de inquietudes y sobresaltos, ahora, dentro de la orden religiosa, sus temores cambiaban, pero seguían siendo igualmente intensos.
¿Será éste mi camino?, ¿realmente encontraré lo que ando buscando?. En verdad no sé siquiera lo que ando buscando, ojalá que esta vida sea mejor y más segura que la que se vive allá afuera, espero que mis superiores me den esa paz que afuera nunca conseguí.
Y mientras barría y aseaba los pisos que eran las primeras labores que a los novicios se les asignaba, su mente brincaba de un lado a otro, preguntándose si no encontraría monjes crueles que hicieran su vida una vida de sufrimientos; cualquier persona que se le acercara por la espalda lo llenaba de angustia y sobresalto; cualquier puerta que se cerraba repentinamente provocando un gran ruido, hacía que el pobre monje le temblaran las piernas y los brazos, ¡tan lleno estaba de temor!
El servicio de llevar la luz.
El más anciano de los monjes Tibetanos se acercó a él un día y lo sentó, preguntándole:
- Hermano mío: He observado que tu mente encuentra motivos de sobra para inquietarte y llenarte de temores, ¿quisieras platicar al respecto conmigo?.
El monje le explicó, en pocas palabras, lo que internamente estaba pasándole:
- Tengo muchos temores, tengo muchos miedos, realmente no sé si éste sea mi camino, realmente no sé si ustedes me puedan dar lo que yo necesito, afuera no lo encontré y aquí adentro yo pensaba que mis temores se iban a terminar y me he encontrado que, en ocasiones incluso, se acrecientan. Tanto silencio en las noches hace que mi mente se agite y empiece a imaginar cosas que en verdad no sé si sean ciertas; amanece el día, trato de hablar con mis compañeros y superiores quienes muchas veces se mantienen callados, no sé si yo estoy mal, si estoy enfermo o si verdaderamente ellos tienen intenciones que no quieren comunicarme; no puedo llegar a conocer a las personas si ellas no me hablan, no puedo saber si yo estoy bien o estoy mal, si no hay alguien que me lo esté diciendo, ¿cómo entonces puedo encontrar un camino si todo el mundo se empeña en permanecer callado?
La vida es una escuela.
El anciano monje lo miró a los ojos y le contestó:
- La vida es una escuela y todo lo que en ella pasa debe ser una lección para nosotros, tus temores no son el fruto de tus propios pensamientos, sino el fruto de las semillas que tu cerebro recogió cuando aún eras muy pequeño; todos tus pensamientos e inquietudes son los frutos de esos árboles que han crecido en tu mente, sembrados con semillas de temor. Siembra un árbol de manzanas y tendrás manzanas, siembra una flor de loto y tendrás muchos lotos, siembra un pensamiento de temor y tu mente se llenará de miedo si no arrancas a tiempo esas plantas cuando aún son pequeñas. Tu mente ha sido contaminada y han crecido toda una serie de plantas, árboles, que están ya dando frutos de temores, de miedos y eso es lo que mantiene inquieta tu mente. ¿Cómo esperas encontrar quietud en alguna parte del mundo si esos árboles viajan contigo a dondequiera que tú vas?.
Las claves para ahuyentar el temor.
Tus temores únicamente podrán ser eliminados cuando empieces a sembrar semillas de paz, tranquilidad y armonía en tu interior; tu mente es como un jardín al que debes cultivar todos los días inundándolo de pensamientos de luz y de paz, de esa manera, las malas hierbas se irán marchitando al no verse alimentadas por tus propios temores.
Practica la lectura de los libros sagrados. Cada día, al empezar, llena tu mente de pensamientos positivos, leyendo lo que nuestros antiguos sabios escribieron en los libros sagrados, llénate de sus palabras, de sus consejos y que sean éstos los primeros pensamientos.
Levántate antes de que el sol aparezca en el horizonte, que la luz se haga primero dentro de ti, antes de que los primeros rayos iluminen tu cuerpo. Despierta primero internamente y después, deja que el sol ilumine tus pasos. Mantén los libros sagrados cerca de tu cama, de esa manera podrás tener de ellos, antes de que tu cuerpo pida, agua para saciar tu sed. Durante el día, cuando tus temores empiecen nuevamente a aparecer, saca de tu vestimenta algunas frases que tú mismo hayas escogido y que te den fortaleza durante esas horas.
Mantén siempre presente en tu mente que tus miedos son imaginarios, son el fruto de semillas que fueron sembradas muchos años atrás y cada vez que leas esas perlas de sabiduría, mira internamente que lo que estás haciendo, es regando tu jardín interior. Cultiva las flores que después te darán la paz y la tranquilidad interna y estás cortando las ramas de esos árboles malignos que han crecido sin tu consentimiento dentro de ti.
Y al final, al final del día, cuando tu cuerpo ya cansado se retire hacia la quietud de tu lecho, vuelve a tomar las escrituras sagradas y sumérgete en ellas, de la misa manera como el viajero sediento se sumerge en las aguas del oasis, que su sabiduría te llene. Que tu último pensamiento, antes de sumergirte en el sueño, sea un pensamiento de luz, un pensamiento de gratitud, un pensamiento de abundancia.
Haz que esas acciones se conviertan en un hábito en tu vida y pronto verás que el mundo cambia para ti y, entonces, si alguna vez viniste a este lugar buscando un refugio para tus miedos, verás que ahora, tal vez, estas paredes sean para ti una cárcel que te impida salir al mundo y compartir algo de lo que ya has aprendido. Siéntete pues, en libertad, de seguir el camino que mejor te parezca, pero antes de que tomes decisiones, elimina de tu mente esos árboles que sólo sirven para pintar de gris y de negro esta hermosa vida que Dios nos ha entregado.
El anciano maestro bajó sus ojos, selló sus labios, y antes de que el discípulo pudiera incluso, agradecerle, se levantó y se dirigió hacia otra ala del convento.
El discípulo quedó sorprendido, pues estaba seguro de que sus miedos eran reales y no imaginarios. Pensó por mucho tiempo hasta que llegó la noche, y cuando se retiró a su lecho, encontró sobre de él un ejemplar de las escrituras sagradas; entonces, la seguridad empezó a inundar su mente y durmió esa noche con un sentimiento de que una luz se había prendido en su camino.
Por hoy, les he dejado esta primera estrella, que cada quien la tome en el momento que la necesite.
Septiembre 26, 1993.
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