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"La edad de una persona puede determinarse por el grado de dolor que experimenta cuando entra en contacto con una idea nueva."

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¿Dia de muertos o de vivos? PDF Imprimir E-Mail
viernes, 24 de octubre de 2003
La sabiduría es el libro que hoy se abre ante vosotros mostrándoos su contenido de infinita luz, de revelaciones no presentidas y de conocimientos jamás alcanzados. Sólo asi sabréis lo que existe más allá de esta vida.

¿Qué sabéis sobre el Más Allá? ¿Qué sabéis acerca del por qué nacéis y del por qué morís?
¿Cómo será la vida que nos espera después de la muerte? ¿Quién, por incrédulo que sea, no se ha preguntado si existirá en él, algo que sobrevivirá a la materia?

Muchos hombres, escépticos en su materialismo, sonríen irónicamente cuando se les habla de la vida espiritual; mas llegará la hora de la muerte, aquélla en la que no hay corazón que no tema, ni espíritu que no tiemble ante la presencia inminente de la eternidad.

Decidme: ¿Quiénes sois? ¿Qué sois? ¿Quién créeis ser? ¿Qué sentís ser? ¿Acaso la materia que desciende al sepulcro o el espíritu que se eleva hacia la eternidad, hacia el infinito?

La muerte como la concebís vosotros o sea el dejar de existir. No puede ser la muerte del cuerpo, muerte o fin para el espíritu. Ahí es precisamente donde él abre los ojos a una vida superior, mientras su envoltura los cierra 62
mundo para siempre. Es sólo un instante de transición en la ruta que conduce a la perfección.

Si aún no lo habéis comprendido así, es porque todavía amáis mucho a este mundo y os preocupa abandonar esta morada porque creéis ser dueños de lo que en ella poseéis.

Cuando sepáis que el desprendimiento del espíritu al dejar la materia, es el paso de transición, indispensable para acercaros a Ia morada de la paz y de la perfección, será cuando en los hombres se vaya, formando un verdadero conocimiento de la realidad. Entonces comprenderéis que la muerte es como un breve sueño.

Aquí se cerrarán los ojos de vuestro cuerpo cansado de llorar, mientras los ojos de vuestro espíritu se abrirán a la vida verdadera.

¿Adónde van los espíritus después de la muerte corporal, cuando se detengan los latidos de vuestro corazón y se apague la luz en vuestras pupilas? Iréis a despertar a un mundo maravilloso por su armonía, por su orden y su justicia. Ahí comenzaréis a comprender que la caridad de Dios es la que puede compensaros de todas vuestras obras, pruebas y sufrimientos.

Mientras, vuestros cuerpos bajarán a la tierra, en cuyo seno se confundirán para fecundarla, porque aun después de muertos seguirán siendo savia y vida.

Más allá de este mundo existe un valle al cual todos penetraréis en espíritu, ¿Quién no tiene ahí un ser querido? ¿Quién no quisiera volverle a contemplar, alguien a quien recuerde como padre, como madre, como hermano, como hijo, como esposo o esposa, o como amigo?

Quiero que seáis hombres de fe, que creáis en la vida espiritual; si habéis visto partir al Más Allá a vuestros hermanos, no los sintáis lejanos ni penséis que los habéis perdido para siempre.

A quienes habéis sufrido la ausencia de vuestros familiares que os pregunto:¿no estáis conformes con que haya hecho mi voluntad, en aquellos vuestros seres queridos? Yo siempre soy justo en mis determinaciones. ¿Por qué existen quienes me reclaman? ¿no decís en vuestras oraciones Señor: Hágase tu voluntad?

Yo os digo: los lazos de amor que os unían, no se han roto, La muerte del cuerpo no os aleja de los seres que os han sido confiados ni os aparta de la responsabilidad espiritual que tenéis sobre de los que fueron vuestros padres, hermanos, hijos, amigos o parientes.

Comprended que la muerte no existe para el amor, para el deber, para los sentimientos; en una palabra, para el espíritu.

Ved cómo vivís aferrados en todo a lo material, Yo os he visto cuando uno de vuestros seres queridos parte de este mundo, abrazaros a su cuerpo inerte queriendo darle nueva vida o retenerle, ignorando que no es aquel cuerpo, aquella forma a la que debéis ataros, sino al espíritu de aquél que desde ese instante os contempla desde una mansión de más luz.

El que llora la muerte del cuerpo, creyendo ver ahí el final de un ser amado, es un muerto que vela a otro muerto, es un ser que ha cerrado su corazón a aquél que desde la luz le contempla.

El espíritu del que lloráis, vive y os obstináis en darle por muerto. Les dais por perdidos, mientras que ellos, llenos de amor os están esperando para daros testimonio de la verdad y de la vida. Les creéis lejanos o insensibles y sordos ante vuestras luchas y penalidades y no sabéis cuántos pedruscos van apartando de vuestro paso y de cuántos riesgos os van librando.

El descanso espiritual según lo entendéis, y a lo que llamáis descanse en paz, no existe; el descanso que espera al espíritu es la actividad, el multiplicarse haciendo el bien, el no desperdiciar un instante. Entonces sí descansa el espíritu, se aligera de remordimientos y de penas, se recrea haciendo el bien, descansa amando a su Creador y a sus hermanos.

Para el espíritu el descanso sería su peor castigo ya que el mejor premio para el espíritu, es el trabajo, la lucha; porque en ello glorifica a su Padre al imitar a su Dios, que nunca descansa. La fatiga no existe en el espíritu que está en plena evolución, tampoco la noche, el hambre ni la sed.

Aquí en la Tierra sí debe sentirse opreso vuestro espíritu, ya que en ella todo es limitado y pasajero. Aquí sí debe cansarse de tanto pecado y tanta impureza como existe en la vida humana. Mas no es un cansancio como el que agobia a la carne, sino un hastío de todo lo malo, una repulsión por todo lo impuro, una fatiga de luchar y sufrir muchas veces por frivolidades o causas injustificadas

¡Cuánto mal se han hecho los que creen que en el instante de morir pueden alcanzar la gloria espiritual! Esos espíritus no saben mirar en esta vida más allá de lo que en su imaginación se han forjado.

¿Cómo quieren algunos salvarse en el instante de su muerte corporal, después de haber llevado una vida de pecado? ¿Cómo quieren muchos vivir entre fango y pisar sobre cardos, sin mancharse ni herirse?

Triste equivocación, porque los errores sólo pueden repararse con obras que requieren haber obedecido los reclamos de la conciencia, y tiempo para reparar todos los pecados cometidos, y en cuanto al arrepentimiento en los que están por partir hacia la vida espiritual, Yo os digo que son pocos los que en esa hora lloran por los males que han causado y que su preocupación es más bien el temor al castigo, a la sentencia o a la condena según ellos la imaginan.

Cuando la agonía os anuncia la proximidad de la muerte del cuerpo. Entonces es cuando querríais comenzar la vida para reparar yerros, para tranquilizar vuestro espíritu ante el juicio de vuestra conciencia y poder ofrecer algo digno y meritorio a vuestro Dios.

¿Si el hombre siempre fuese sano, como moriría? A lo cual os respondo, que no es necesario que vuestro cuerpo esté enfermo para que deje de vivir; basta que el corazón se detenga cuando la hora haya sonado, para que deje de ser.

La muerte no acude solamente a la ancianidad, no viene sólo con el cansancio de la vida, viene en cualquier hora, en cualquier día, en el instante menos presentido. Pensad que todos, absolutamente todos, pasaréis a esa vida.

El sol no sale ni se oculta un instante antes o después del marcado por el Creador. Todo se rige por una ley infalible. Por lo tanto, vosotros no moraréis en la Tierra un segundo más de los marcados en vuestro destino.

Soy la vida que en todo momento se manifiesta a vuestro, espíritu, mas así como a ella la lleváis en vuestro ser, pensad que también la muerte que detiene los pasos de los hombres en la Tierra, marcha junto a cada criatura humana.

Si buscáis la inmortalidad del espíritu, no temáis la llegada de la muerte que pone fin a la vida humana, esperadla preparados, ella está bajo mi mandato y por eso siempre es oportuna y justa, aunque muchas veces los hombres crean lo contrario.

Vivid en mi Ley y no tendréis que temer a la muerte, mas no la llaméis ni la deseéis antes de tiempo; dejadla llegar que ella siempre es obediente a mis mandatos; procurad que os encuentre preparados y así penetraréis en la mansión espiritual como hijos de la luz.

No tratéis de rechazar a la muerte cuando ella por mi voluntad se acerque a vosotros, no busquéis al hombre de ciencia para que os haga el milagro de contrariar mis designios prolongando vuestra existencia, porque ambos lloraréis amargamente esta falta.

¿Queréis ser sorprendidos sin preparación cuando aún estáis atados con cadenas a la materia, a las pasiones, a las posesiones terrestres? ¿Queréis penetrar con los ojos cerrados en el Más Allá sin encontrar el camino, llevando impreso en el espíritu el cansancio de esta vida?

Aprended a dejar ese cuerpo en el seno de la tierra, cuando la hora llegue, si quereis seguir viviendo para los que amáis y si queréis que os sientan; si no queréis hundiros en el silencio y en el vacío y en cambio anheláis seguir vibrando en vuestros hermanos comprendiendo que eso es lo que verdaderamente se llama vivir, sabed que, así como vuestro espíritu renunció a su morada espiritual para habitar en la Tierra, así tendrá que renunciar a las vanidades del mundo, cuando haya retornado al valle espiritual.

Es necesario que ya sepáis mucho de la vida espiritual para que no os turbéis al pasar de esta existencia a la otra. Cuántos hombres, por tener en la Tierra caudales, comodidades y satisfacciones, se consideran felices y no pueden concebir que algún día llegue a ellos el dolor, y menos en el espíritu; cuando dejan la carne en la Tierra y con ella todo cuanto poseyeron, pasan entonces a ser los seres más desdichados, los errantes sin paz, sin alegría y sin la luz del conocimiento. Son como sombras que vagan sin descanso; no lloran como se llora en el mundo, pero sus sufrimientos, aunque ya no físicos, son infinitamente más intensos que los que se experimentan en el cuerpo, puesto que el espíritu se ha quedado a solas con el juez de su conciencia.

Comprended entonces, que cuando el hombre llegue a guiarse por la inspiración de la conciencia y sujete todos sus actos al mandato superior, será como si naciera dentro de él un hombre nuevo, aquél para quien no exista la muerte porque á la materia tan sólo la considerará como la necesaria envoltura para su espíritu, y cuando éste deba ir a habitar a su verdadera morada, el cuerpo, tendrá que descender al seno de la tierra para ir a fundirse con ella

¿Por qué temer a la muerte? Temed de vosotros mismos. Cumplid con mis leyes en la tierra y no tendréis por qué temer vuestra llegada al más allá; así como habéis visto la luz del mundo al llegar y así como sentisteis en la tierra la presencia de vuestros padres, así sentiréis la presencia de vuestro Señor en aquel valle que espera vuestro retorno.

No suspiréis por tener que dejar este valle, porque si reconocéis que en él existen maravillas y grandezas, en verdad os digo que ellas son sólo una imagen de las bellezas de la vida espiritual.

No debilitéis en la fe, tened siempre presente que el fin de esta jornada llegará; no olvidéis que en Mí habéis tenido vuestro principio y que el fin lo tendréis también en Mí, y ese fin es la eternidad porque no existe la muerte del espíritu.

¿Cómo podéis imaginar que la lucha en la vida, sus sacrificios, vicisitudes, y pruebas, terminen con la muerte sin hallar una justa compensación en la eternidad? Por eso mi Ley y mi Doctrina con sus revelaciones y promesas son en vuestro corazón el aliciente, la caricia y el bálsamo en la jornada.

Cuántas veces estaréis creyendo presentir la dicha perfecta en el seno de Dios, sin daros cuenta que esa dicha es apenas la promesa del mundo inmediato, a donde tendréis que pasar después de esta vida.

Quien ha amado a sus semejantes en la Tierra, cuán tranquila y feliz transcurre su vida y cuán apacible es su agonía.

Partid de este mundo sin lágrimas, sin dejar dolor en el corazón de los vuestros. No temáis la llegada de la muerte debéis saber esperarla tranquilamente,así sabréis quienes sois, quiénes habéis sido y quienes seréis.

Desprendeos cuando el instante sea llegado, dejando en la faz de vuestro cuerpo una sonrisa de paz que hable de la liberación de vuestro espíritu.

No penséis en la muerte, que lo desconocido no constituya para vosotros una obsesión; pensad en que viviréis y estad seguros de que cuando miréis el camino del valle espiritual, exclamará vuestro espíritu regocijado y sorprendido: Me parece que ya he pasado por aquí

Ya pronto va a saber el hombre a qué viene el que nace para este mundo, cuál es el sentido, la misión y finalidad de esta vida y sabrá explicarse lo que ha llamado " Muerte ". Ya pronto esta humanidad dejará la teorías y los culto externos para vivir la verdad.

La muerte del espíritu abolida quedará, porque Yo soy el Camino y la vida y llegará el tiempo en que os recuerde: “¿Dónde está ¡Oh muerte! tu poder? ¿Dónde está ¡Oh sepulcro! tu victoria?”

En los hombres del mañana habrá tanta espiritualidad y comprensión de la evolución que debe alcanzar su espíritu, que cuando penetren en la agonía y se hallen a un paso de la muerte, consideren ellos y quienes les acompañen en aquella hora, aquel momento como el más hermoso de toda su existencia, aquel que debe ser como la culminación de una vida fecunda y provechosa y puedan decir como su Maestro en la cruz: "Todo está consumado"...

El, cuerpo cuando muere es como la flor cuando se corta que luego se marchita, mas su perfume es como el espíritu que se desprende e inunda de esencia el ambiente.


Fuente el Tercer Testamento:
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