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Del Culto a los Muertos
viernes, 31 de octubre de 2003
Dije en aquel tiempo: "Dejad que los muertos entierren a sus muertos". Si analizáis con cuidado y con amor mis palabras, veréis cuánta razón tuve al decíroslo.
Quienes lloran la ausencia de los seres queridos, son los muertos que velan a sus muertos.
Si supieseis con qué compasión os ven desde el mundo espiritual, aquellos seres cuando os ven llorar así.
¡Piedad es lo que sienten por vosotros ante vuestra ignorancia, porque si les pudieseis contemplar, aunque fuese por un sólo instante, os quedaríais mudos y asombrados frente a la verdad!
Cuando os veáis separados de los seres que fueron carne de vuestra carne, no les olvidéis, comunicaros con ellos por medio de vuestra oración y ayudadles a trabajar y a elevar su espíritu.
No sintáis la necesidad de que ellos se manifiesten en alguna forma material en vuestra vida, ya sea tomando un cerebro o de alguna otra manera, porque negaríais la espiritualidad que os he enseñado.
No lloréis por esos seres, no les materialicéis, no les faltéis al respeto; dejadles comunicarse con vosotros, recibid en vuestro corazón su mensaje y su sano consejo y luego dejadles ir en paz al mundo donde habitan y desde donde velan por vosotros.
Cuando queráis orar por los seres que habitan el valle espiritual, no fijéis días ni hora para evocarlos, hacedlo por el amor que os une y pensad que ya pertenecen a la vida espiritual, que habitan en la eternidad y no se encuentran bajo la acción del tiempo.
Una vez os dije que el hombre era idólatra por inclinación y por el culto a sus muertos da una prueba palpable, de su idolatría.
Veo que aún celebráis el día de los muertos, y ¿Por qué? ¿Es acaso la forma en que celebráis la victoria sobre la muerte? No, humanidad, no os equivoquéis, mirad que con ello estáis celebrando el culto a la materia y el amor al mundo.
Cuando os miro bañar con lágrimas un sepulcro y cubrirlo de flores, no puedo menos que aplicaros aquellas palabras mías que os dicen: "Sois muertos velando a vuestros muertos".
¿Creéis que sea necesario que os diga, que nada tenéis que hacer en los cementerios, y que las lágrimas que sobre las tumbas derramáis, son las lágrimas de la ignorancia, de la materialidad y el fanatismo?
Ahora sabéis que no tiene objeto llevar ofrendas a esos lugares, donde una lápida que dice "muerte", debiera decir desintegración y vida; porque ahí está la Naturaleza en pleno florecimiento, ahí está la tierra que es seno fecundo e inagotable de criaturas y especies.
El espíritu, del que lloráis, vive, y os obstináis en darle por muerto en aquel cuerpo que desapareció bajo la tierra. Les dais por perdidos, mientras que ellos, llenos de amor os están esperando, para daros testimonio de la verdad y de la vida.
A quienes elevan sus oraciones por los que llaman sus muertos, Yo os digo que está muy bien que los recordéis, qué tengáis para ellos un pensamiento de gratitud, de amor, de admiración; pero lo que no está bien es que los lloréis como si fueran bienes que hubieseis perdido, ni tampoco que los deis por muertos, porque si en esos instantes en que derramáis llanto por ellos y vuestro pecho suspira por los que partieron, pudierais contemplarlos, quedaríais asombrados ante la luz que los ilumina y la vida que los anima; entonces exclamaríais: Verdaderamente ellos son los que viven y nosotros somos los muertos.
Los hombres son conservadores en sus tradiciones y costumbres; bien está que guarden un recuerdo imborrable de los seres que han bajado a la tumba y les atraiga el lugar donde depositaron sus restos; mas si se profundizaran en el sentido real de la vida material, verían que al desintegrarse aquel cuerpo, vuelve de átomo en átomo a los distintos reinos de que está formado y prosigue desenvolviéndose la vida.
Orad por ellos, no vayáis a dejar de amarles y recordadles, porque vuestro recuerdo y oraciones son un dulce consuelo en su lucha. Nunca los imaginéis turbados o habitando entre tinieblas, porque sería tanto como si vosotros os sintieseis capacitados para dictaminar un juicio y una sentencia sobre ellos y si aquí en la tierra los humanos suelen ser tan imperfectos e injustos para juzgar las causas de sus semejantes, ¿Qué será tratándose de juicios sobre algún espíritu?
No serán las tumbas las que se abran para dejar salir a los cuerpos que inertes dentro de ellas se encuentran; serán las puertas del mundo espiritual las que dejarán pasar a los que llenos de luz y de vida vienen a haceros conocer su supervivencia.
Cuando la humanidad haya comprendido la realidad de estas lecciones, dejará de llorar sobre la tumba que guarda unos despojos, para convertir su llanto en respeto hacia los lugares destinados al descanso del cuerpo y en oración para los espíritus que habitan en el Valle Espiritual, oración que será abrazo, saludo, ósculo y caricia.
Fuente: el Tercer Testamento
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