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Cuando nos referimos al “aquiétate y sabe”, queremos decir que sólo cuando estamos tranquilos, serenos, relajados, permitimos que todo el conocimiento metafísico adquirido a través de lecturas, meditaciones y clases de estudio, llegue a nosotros. Por el contrario, la ansiedad, la inquietud y la preocupación sólo dirigen nuestro pensamiento a lo físico y temporal, por ende, trabamos el acceso a la energía universal que necesitamos o pedimos. Los libros más profundos y complejos, las técnicas por demás extrañas, los rituales que algunos grupos realizan, etc., no conducen a nada si la persona no está predispuesta, preparada para recibir la energía luz del Padre.
La oración más simple en alguien que puede desconocer muchos métodos complicados, puede ser más eficaz, si la persona está preparada, relajada, serena y calma.
De nada vale horas de lecturas complejas, meditaciones intensas, contemplaciones, etc., si no aquietamos nuestro pensamiento y en consecuencia, nuestro cuerpo físico.
La complejidad es buena para el estudiante de ingeniería cuántica, informática, medicina nuclear, etc.
Para un metafísico, la complejidad sólo es útil si comprende lo que está haciendo, si ha evolucionado para saber que con ese estudio complejo, aprendió y sabe poner en práctica el conocimiento metafísico y lo irradia a todo su derredor.
Entonces, verifica que cuando haces una oración, una meditación o contemplación, estás relajado, sereno, dedicado por completo a la tarea metafísica que estás por desarrollar.
Solo así, lo que hagas valdrá la pena.
Puedes lograr un buen trabajo de relajación para aquietarte, haciendo la siguiente contemplación, prestando atención a las palabras e imágenes y serenándote al escuchar la música. Al término aparece un texto para reflexionar.