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“De la misma manera que un padre corrige a sus hijos en la primera edad, no dándoles todas las satisfacciones a sus desordenados deseos, sino privándolos de los medios de satisfacerlos aunque sea a costa de sufrimientos, protestas y rebeldías. Y por esto ¿podemos decir que tal padre sea injusto?
“Ahora, concretando más mi contestación, diré lo siguiente:
1º. Los sufrimientos de nuestro pueblo de Israel soportando la dominación extranjera. Hay un antiguo proverbio que dice: “Lo que siembras, eso recoges”. No sé si vosotros conoceréis la historia del pueblo hebreo, cuyo tronco originario es el patriarca Abraham, hombre justo, ecuánime y sincero adorador del Dios invisible.
Pero el pueblo fundado por él, no siguió sus huellas, y los desaciertos, crímenes y violencias, empezaron ya en sus biznietos, los hijos de Jacob, que por envidia vendieron a su hermano José, a unos mercaderes que iban al lejano Egipto. Ya veis cuán pronto torcieron el camino. Desde entonces, la senda recorrida por ese pueblo está toda regada de sangre, y se desliza como una sierpe maligna sembrando el dolor, las devastaciones, asolando países, matando a sus habitantes para quedarse con sus ganados y sus riquezas, sin perdonar ancianos, mujeres y niños.
“¿Cómo pensáis que le pueblo de Israel ocupó la Palestina desde el Líbano hasta Idumea? Pues matando despiadadamente a todos los habitantes que se resistieron a someterse. Y hasta David y Salomón, contados entre los mejores reyes de Israel, se hacían pagar onerosos tributos y diezmaban a los pueblos dominados por ellos. Tanto es así, que cuando Jeroboan, hijo de Salomón sucedió al padre, al oír que los pueblos pedían clemencia por las injusticias que sufrían, él les contestó insolentemente: “Si mi padre azotó con varas, yo os castigaré con escorpiones”. Los libros llamados de los Jueces, de los Reyes y las Crónicas, son una cadena de horrores que espanta al alma menos sensible...
“Ahora decidme ¿puede quejarse el pueblo de Israel de sufrir injustamente la dominación extranjera?
“¿No hizo él lo mismo desde la muerte de Moisés, con todos los pueblos más débiles que encontró a su paso?
2º Razón de los actuales sufrimientos: la desunión, el odio, el separatismo entre judíos, samaritanos y galileos. Todos forman el pueblo de Israel, pero le divide un antagonismo profundo, un odio que no tiene curación por la dureza de corazón de la mayoría. La Judea no perdona a las dos provincias hermanas, porque no quisieron por rey al hijo de Salomón. Diez centurias pasaron desde entonces, y aquel odio continúa aún vivo y tenaz. Esa profunda división ha sido explotada con hábiles maniobras por los audaces Idumeos, que entre la aridez de su país, codiciaban las fértiles tierras regadas por el Jordán. Y uno de ellos, el más audaz y ambicioso de todos, con simulaciones y engaños, se proclamó rey de acuerdo con el águila romana, y se hizo fundador de la dinastía herodiana que esclaviza a Israel.
“Los que hoy sufren la dominación extranjera, son los mismos que devastaron, diezmaron y mataron a las razas que habitaban la Palestina desde remotos tiempos. La Ley de causas y efectos que es una de las leyes inmutables de la Suprema Potencia, se cumple inexorablemente. Si ahora apagamos imprudentemente las hogueras y las antorchas que nos defienden de las fieras ¿podremos con justicia quejarnos si nos vemos acometidos por ellas?...”
JHASUA
A.E. p. 978, 979